365 dias sin miedo…

Empieza un nuevo año en el calendario Gregoriano, es el 2019, y aunque parece que hablemos de aquel futuro que nos hicieron creer que volaríamos con nuestros coches, nada más lejos de la realidad de ver que ya estamos aquí, en éste continuo presente.

Miramos atrás gracias a nuestra capacidad cerebral de tener memoria, a veces esa memoria nos hace recordar aquellos años de felicidad o aquellos días en que la pena pesaba tanto que pareciera que iba a durar eternamente y como bien se dice… “no hay mal que dure 100 años”.

En los últimos meses del año que recién dejamos atrás tuve la oportunidad de hablar con diferentes personas, amig@s, conocidos y otros no tan conocidos y pude darme cuenta que este año pasado ha sido intenso para la mayoría. Un año de muchas circunstancias ya que así es la vida pero sobretodo de revolución interna.

Esa revolución interna para los principiantes en la materia puede interpretarse como locura, confusión, pérdida del sentido de la vida, sentirse sin rumbo, caos, preocupación, miedo, incertidumbre, incomprensión… para los que andamos ya un tiempo en esta interminable materia, también experimentamos estos estados, emociones y sensaciones lo único que cambia es que lo vemos como crecimiento dentro de la compresión de que somos seres conscientes trabajándonos a través de las circunstancias y nos mantenemos dentro de la confianza de que todo esta bien tal y como está y que aunque duela sabemos que estamos en el camino.

La revolución interna es una gran oportunidad para mirar adentro, desechar aquello que ya no se necesita más y potenciar aquello que nuestro espíritu nos grita sin cesar.

Las Navidades para la mayoría, son los días mas duros del año ya que se hace balance de lo que nos prometimos hacer y no cumplimos, de lo que no conseguimos, de ver que nuestros miedos nos siguen acompañando cada noche en la misma cama, que los sueños no se han cumplido, que incluso quizás hayamos retrocedido, que como personas no hayamos mejorado y que además de todo eso que llevamos a cuestas, nos tenemos que poner la mejor máscara maquillada para ir a pasar la velada con familiares y amigos y así no tener que dar explicación de ese fuego interno que nos ha consumido durante el año.

Una vez llegamos a casa, a ese espacio donde realmente podemos ser nosotros mismos, nos retiramos la máscara… y sólo nosotros sabemos como nos sentimos después de la gran función teatral.

He pasado muchas Navidades fuera de casa, en Inglaterra, India, Australia, México… a veces compartiendo y otras en solitario, y sólo puedo agradecer por darme la oportunidad de querer seguir aprendiendo e ir hacia adelante viviendo esta vida, con sus subidas y sus bajadas, con su intensidad, con su amor.

 

#capturamomento: Navidades en Australia, donde llegué sin pensarlo, donde trabajé, donde viví en un tipi ( tienda de los Indios Americanos), donde pude sentir mi parte mas salvaje, donde conocí los koalas y donde los canguros salvajes se acercaban cada noche, donde dí de comer a muchos, donde hice mi familia y donde me despedí de mi hermana Japonesa,donde me enamoré, donde la vida me puso a prueba…

Comparto este poema que puede resonar con muchos aspectos de la vida:

Haz que no parezca Amor.
Que es lo que se lleva ahora.
Duelen tantas tripas en nombre de la libertad.
Tú dices libre y yo digo cobarde.
Cobarde todo aquel que no es capaz de comprometerse con el instante.
Cobarde todo aquel que no esté presente cuando el otro está desnudo y vulnerable.
Cobarde todo aquel que puso un límite desde el principio.
Yo es que no quiero nada serio.
Como si no fuera lo suficientemente serio estar dentro físicamente de otro ser humano.
Yo es que no creo en las etiquetas.
Como si ponerle nombre a las cosas fuera algo malo.
Yo es que busco pasar el rato.
Como si la vida fuera para siempre.
Hay algo tan neurótico en nuestra manera actual de relacionarnos.
Tan irrespetuoso con la vida. Tan impaciente.
Y queremos más: más picante, más gorda, más grandes, más altos, más guapas, más fuertes, más delgadas.
Nos aburrimos porque no nos soportamos a nosotros mismos.
Porque no queremos que nadie nos conozca.
Porque es más sencillo empezar de nuevo cada poco vendiendo nuestra mejor cara.
Porque es mucho más sencillo follar que limpiar lo follado.
Porque tenemos miedo a que en el fondo seamos un auténtico fraude.
A que cuando el otro arañe un poco vea que no hay nada.
Nada serio.
Y aquí seguimos rascando, cambiando cromos repetidos, poniéndonos ropa interior cara para que otros se limpien los pies al entrar.
Haciendo del Amor una servidumbre de paso.
¿No sientes a veces que tú vales más que todo eso que haces?
Que tú eres un jodido milagro.
Con tus ojos que todavía pueden ver.
Con tu pies moviéndose para llevarte al lugar que quieras.
Con tu boca capaz de dar las gracias.
Con tu piel ocupando una plaza en el mundo.
¿No sientes a veces que tú te mereces más que lo poco que te dan?
Dos besos mal pegados.
Tres minutos entre las piernas.
Cinco embestidas.
Y un WhatsApp: No me agobies.
Lo más triste es que esta sociedad ha conseguido invertir los papeles.
Ahora si dices que sientes algo, estás loco.
Es muy pronto. Muy arriesgado. Poco inteligente.
Dime tú, cómo lo haces para no sentir algo cuando lo haces.
¿Cómo se finge la vida?
Cómo se hace para que nunca parezca Amor.
Y que simplemente parezca un accidente.

Roy Galán.

 

2019 está aquí y sólo TÚ decides cómo quieres vivirlo con o sin miedo…

La primera página del libro está en blanco… FELIZ COMIENZO.

 

Gracias por Ser…gracias por leer.

Estefanía Morales

 

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